miércoles, 17 de junio de 2026

EL EJÉRCITO CORRUPTO DEL SANCHISMO


RECLUTANDO SINVERGÜENZAS. EL EJÉRCITO CORRUPTO DEL SANCHISMO

Los jueces y policías están demostrando que Pedro Sánchez ha reclutado un ejército siniestro de sinvergüenzas y corruptos para que le ayude a gobernar España.

Es la conclusión que emerge de las investigaciones de la Justicia española, que están diezmando al sanchismo en estos días.

El gobierno ha intentado colocar al frente del gobierno, de algunas instituciones claves, de la Guardia Civil, la policía y las Fuerzas Armadas a personas seleccionadas por ser leales a Sánchez, carecer de escrúpulos y ser adictos al dinero. No todos son malvados, pero esos fueron los criterios de selección para otorgar poder a la banda de Sánchez.

Las investigaciones policiales y judiciales han destapado la existencia de ese ejército al servicio del “Jefe” Sánchez, el número “UNO” que todo lo conoce y controla.

Al contemplar los hechos, se tiene la sensación de que ser un sinvergüenza ha sido el requisito básico para ejercer el poder en España, bajo el sanchismo.


Es cierto que casi todos los partidos políticos españoles son escuelas de sinvergüenzas, pero no es menos cierto que el PSOE ha alcanzado cotas de depravación insuperables.

Todos parecen cortados con la misma tijera. Ábalos, Koldo, Santos Cerdán, las prostitutas, Leire, Oscar Puente, Félix Bolaños, la Chiqui Montero, el DAO de la Guardia Civil, la directora general de ese glorioso cuerpo y cientos más.

Todos están ciegos para ver las miserias propias, todos mienten y todos están dispuestos a defender hasta la muerte al “capo” Sánchez, el que los hace ricos y poderosos.

La España de Sánchez vive la colonización sistemática de las instituciones del Estado por parte de un aparato político sin valores e inclinado al vicio, que ha convertido el poder en un botín.

El sanchismo, esa versión personalista y sin escrúpulos del PSOE, ha reclutado a miles de personas dispuestas a vender su dignidad, su ética y la ley a cambio de un sueldo público, un cargo, un contrato o un manojo de privilegios.

El resultado es un ejército de leales no al país, sino al líder. Un ejército que ha penetrado el Gobierno, la Policía Nacional, la Guardia Civil, las Fuerzas Armadas, el propio partido, las llamadas “cloacas” de inteligencia y contra-inteligencia, las grandes instituciones, los organismos reguladores, las empresas públicas y los medios afines.

Los jueces están demostrando que el ejército de los sinvergüenzas es capaz de todo, incluso de realizar fraude electoral si el gran capo así lo ordena.

El objetivo es claro: controlar España desde dentro para perpetuarse en el poder.

Pedro Sánchez no inventó el clientelismo, pero lo ha elevado a categoría de estrategia de Estado.

Durante sus años en Moncloa, se ha producido un reclutamiento masivo de perfiles cuyo principal mérito es la sumisión y su rasgo común es que son oportunistas dispuestos a todo.

Los casos de corrupción y abuso no son anécdotas. Son el patrón. Todo apunta a un sistema donde el partido y el Gobierno operan como una red mafiosa.

Este reclutamiento de “miserables” tiene una lógica perversa: quien llega al cargo gracias al favor del líder, no por mérito propio, se convierte en deudor eterno. Sabe que su permanencia depende de la lealtad absoluta. No cuestiona, no investiga a los suyos, no defiende el interés general si choca con el del partido.

Es un ejército de mercenarios agradecidos y temerosos, perfecto para un proyecto de poder sin límites.

El daño es profundo. España se ha convertido en un país donde el mérito no cuenta y donde la corrupción no es un fallo del sistema, sino la forma en que el sistema se reproduce.

El sanchismo ha convertido el Estado en una finca particular.

Los que defienden este modelo suelen hablar de “progreso” y “derechos”. Pero ¿Qué progreso hay en que los ciudadanos vean cómo sus impuestos financian tramas, enchufes y pensiones doradas a cambio de silencio? ¿Qué derechos se defienden cuando se atacan a los jueces que investigan, se criminaliza a la oposición y se utiliza el poder para tapar los escándalos propios?

El reclutamiento masivo de corruptos y miserables no es un error, sino la esencia del modelo. Un proyecto político que prioriza la supervivencia del líder y de su corte sobre la salud de la democracia.

Mientras este ejército ocupe las instituciones, España seguirá siendo un desgraciado rehén secuestrado.

España merece algo mejor que un Estado víctima de sus propios servidores.

Francisco Rubiales

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