Publicado en Fb por Juan Carlos Rodríguez Porés:
NO, MI MADRE Y LA SUYA NO SON IGUALES.
Porque mientras la mía se ha pasado cincuenta años cotizando para mantener el Sistema de Salud Pública la suya acaba de llegar ayer, por el aeropuerto de Barajas, desde Quito, Casablanca o Pekín. No creo que debieran de tener el mismo derecho a la hora de disfrutar de las prestaciones sanitarias.
No, mi hija y la suya no son iguales. Porque yo llevo cotizando cuarenta años para sostener el Sistema de Educación Pública y a usted le acaban de "regularizar" de forma express, con apenas cinco meses de residencia en España, sin haber cotizado legalmente un solo día. No creo que sea razonable que su hija tenga el mismo derecho, o más, para acceder a una plaza en la Educación Pública que la mia.
No, usted y yo no deberíamos ser iguales a la hora de tener unos derechos civiles tan importantes como pueden ser el derecho al voto. Usted no debería tener el privilegio de tener la nacionalidad española por el mero hecho de que su antepasado, al que probablemente ni conoció y por el que quizá nunca mostró el más mínimo interés, hubiera sido español. Yo he contribuido al sostenimiento de esta nación a lo largo de toda mi vida. Usted no. Usted no debería de poder decidir, mediante el sufragio, sobre cuestiones que atañen exclusivamente a los españoles. Porque usted puede tener una documentación donde se le declare que es español, pero ser español es algo que transciende, muy mucho, a lo que diga en ese papel. Ser español es un sentimiento, una forma de ver la vida, una lengua e incluso una religión que dentro de la compleja multiplicidad, a veces hasta contradictoria, que conforma España tiene una coherencia de siglos. Y, créame, usted no forma parte de esa "coherencia"
Y no sé trata de racismo o de criminalización. Ojalá le vaya bien en lo personal y entiendo que se busque la vida lo mejor posible. Pero no me "amenace" con una etiqueta, porque esa amenaza pesa cada vez menos en el ánimo de el español de a pie. Ese "paganini" que sostiene sobre sus hombros todo el gigantesco peso del sistema.Yo no le odio, ni le deseo ningún mal, ni creo que en líneas generales sea usted un delincuente o una mala persona. E incluso vería razonable que venga usted a residir a mi país, siempre y cuando ese país (el mío, no el suyo, el que heredé de mis ancestros y el que tengo la obligación de presevar de la mejor manera posible para los que vengan detrás) le necesite y pueda asumir esa residencia sin límitar los recursos, tan sufridamente adquiridos, de los que somos de aquí.
Yo no soy paraguayo, ni marroquí ni camboyano. Yo no tengo nada que ver con esos países. Y aunque tenga un documento que diga que soy camboyano nunca lo seré.
Y ningún político, con todas las leyes del mundo, podría cambiar eso.

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