La entrega de Pamplona a los herederos del terrorismo etarra, perpetrada por el PSOE, es una de las bajezas y traiciones mayores del sanchismo, de especial suciedad y miseria moral porque habían antes prometido, como suele ocurrir, que nunca lo harían. El poder otorgado a los partidos que odian a España y la libertad de corruptos condenados, como Griñán, son también algunas de las cientos de pruebas de que España está infectada de corruptos, sobre todo en los ámbitos de la política y el poder.
Muchos políticos justifican sus corrupciones, abusos y desmanes afirmando que ellos son “el espejo de la sociedad”, lo que equivale a decir que los españoles son igual de miserables, mentirosos, corruptos y traidores que sus dirigentes políticos.
Se trata de una falsedad injusta e indecente porque la sociedad española es por lo menos diez veces más decente, limpia y Justa que la clase política, que no es el espejo sino el excremento de la sociedad española.
—-
Tengo muchos amigos y conocidos, quizás más de un millar en total, pero juro que ninguno de ellos se acerca en maldad a Pedro Sánchez. Creo que a la inmensa mayoría de los españoles les ocurre lo mismo porque es casi imposible conocer a alguien que le iguale en capacidad de hacer sufrir, de ser injusto, de aliarse con miserables, de aprovecharse del poder y de sembrar odio y división en su entorno.
Es casi imposible conocer a alguien parecido a Sánchez, salvo que se sea funcionario de prisiones.
No hay españoles que mientan tanto, que estafen, que incumplan su palabra o que sean tan corruptos como Sánchez, ni tan despilfarradores, vengativos, ambiciosos e injustos.
La sola comparación del político con la sociedad ya es perversa y corrupta. Quien la hace olvida que los cargos públicos, en democracia, tienen la obligación de ser ejemplares. Los partidos políticos, sobre todo los que han gobernado España en las últimas décadas con arbitrariedad y bajeza, olvidan que el liderazgo conlleva el deber de ser ejemplo de conducta para los ciudadanos.














