Felipe VI no es una persona que realmente se crea rey, ni que quiera serlo. Pero él, educado para llevar la Corona, asume el papel de rey como un deber a su país, como una obligación y como un trabajo. Por este motivo, en vez de ir por delante de los problemas, usando sus propios medios, va por detrás, como cualquier ciudadano medio español. Tiene algunos comportamiento de rey como podrían tenerlos los disfrazados de reyes magos y asumen el papel que se espera da ellos para contentar a los niños.
Pero eso no es un verdadero rey.
Haya o no haya constitución que le limite, su deber está más allá de lo escrito. Hay un acuerdo no verbal de todo rey con sus súbditos que viene de muy antiguo, que se ha forjado en la Historia y que se le ha olvidado, según el cual el rey está obligado a defender a su pueblo, a proporcionar a los súbditos soluciones a sus grandes problemas. El pueblo, ante las dificultades, quiere ser dirigido por los más fuertes, pero en el caso de España se encuentra con un "rey mago" que dice lugares comunes y casi reparte caramelos.









