Decía Gracián que son tontos todos los que lo parecen…, y la mitad de los que no lo parecen. En mí ya lejana juventud, años 70 del siglo pasado, más o menos, existía la figura del tonto del pueblo, que estaba casi institucionalizada.
Todos los pueblos tenían su tonto “oficial”, y a veces un suplente, o varios candidatos a sucederle en el “trono”.
Era objeto de crueles burlas, por parte de la mayoría de los vecinos, a los que les encantaba reírse, a veces de forma excesivamente grosera, de ese pobre hombre, muy simple, normalmente con alguna tara intelectual, que hacían que fuera fácil metérsela doblada, decirle frases con doble intención, que no sabía interpretar correctamente, etc.




















