Publicado por Martín Sánchez y compartido en Fb por José Antonio Sánchez Méndez:
Reflexiones desde la trinchera:
FIESTA DEL ORGULLO
... Nunca he sentido ningún interés por conocer o juzgar las intimidades sexuales de mis semejantes. La forma en que un ser humano adulto usa sus genitales debería permanecer estrictamente en el ámbito de la privacidad.
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Dicho esto quiero manifestar, un año más, mi absoluto hartazgo frente a esa horterada insufrible a la que llaman “fiesta del orgullo” por las razones que paso a exponer :
- En primer lugar, están utilizando el dinero de mis impuestos para cerrar durante varios días las principales calles del centro de mi ciudad y montar una fiesta diseñada para ensalzar la opción sexual de una minoría a la que siempre he respetado pero a la que no pertenezco.
- En segundo lugar, se está publicitando esa “fiesta”, que debería ser privada, con dinero público. A través de la televisión que pagamos todos, en el mobiliario público y hasta en la señalización vial. Por lo que esta fiesta lejos de ser una opción se está convirtiendo en una imposición.
- En tercer lugar, creo que se están vulnerando derechos fundamentales al permitir que participen menores en una celebración donde una grupo de adultos se pasean y bailan semi desnudos, emulando posturas sexuales en plena vía pública, como todos hemos visto.
- En cuarto lugar, todos los homosexuales que conozco abominan de esa fiesta y afirman no sentirse representados. Lo que indica que ni siquiera es la fiesta de ese colectivo sino de un sector dentro de ese colectivo cuyo objetivo es el de conseguir réditos políticos y económicos.
- Llegados a este punto y a tenor de lo arriba expuesto, mi mensaje para los ideólogos de todo este folklore sería el siguiente:
Meta usted su cipote donde le apetezca, incluso córteselo y haga un colgante con él si eso le estimula pero deje de dar la turra con su fiesta y, sobre todo, invierta su capital privado en un espacio privado y con publicidad privada donde pueda usted dar rienda suelta a sus fantasías más recónditas en compañía de otros como usted sin necesidad de entrar en conflicto y respetando a todos aquellos a los que nos importan un carajo su orientación sexual y sus banderitas de colores.
*** (Martin Sánchez / Reflexiones desde la trinchera).


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