Decía el Quijote que «de los moros no se puede esperar verdad alguna, porque todos son embelecadores, falsarios y quimeristas» . Del gobierno español puede decirse lo mismo. Sus ridículas explicaciones exonerando a toda prisa a Marruecos de cualquier responsabilidad en los gravísimos acontecimientos de Ceuta son un ejemplo más de su sospechoso entreguismo a los intereses marroquíes.
¿Qué le debe a Marruecos? En este sentido, la postura corporal de Sánchez cuando se presenta ante Mohamed VI resulta esclarecedora: generalmente chulesco en su rol de macho alfa, ante el rey marroquí el presidente español adopta la postura del colegial que va a ver al director a su despacho para ser reprendido, o la del subordinado sumiso esperando órdenes. ¿Cuándo nos van a explicar el brusco abandono del Sahara a cambio de nada, la dejación ante las narcolanchas que zarpan de Marruecos y el incomprensible desmantelamiento del OCON-Sur, la unidad especializada de la Guardia Civil en la lucha contra el narcotráfico en el Estrecho?
Respecto a lo ocurrido en Ceuta, ¿no resulta extraño que el gobierno español no haya formalizado en ningún momento una protesta diplomática ni exigido explicación alguna al gobierno marroquí? ¿No resulta extraño que, si es inocente, Marruecos, lejos de disculparse, haya tildado de «ciudades ocupadas» a Ceuta y Melilla y que el Consejo de Derechos Humanos marroquí (un gracioso oxímoron) acuse a la policía española de «agresiones», a supuestos «grupos extremistas» de «insultos y palizas» a los intrusos, y a la ciudad de Ceuta de no cuidar adecuadamente de aquellos?[2]







